jueves, 30 de diciembre de 2010
miércoles, 22 de diciembre de 2010
FELICES FIESTAS A TODOS
AQUÍ TIENES TU FELICITACIÓN. Pulsa en los renos.
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y para que no te aburras...
- Composición escrita nº 6 sobre la Navidad.
-Registro de lectura y vocabulario unidad 6 "Un nuevo astro" (Máximo de renglones 10)
-Hacer los siguientes ejercicios de matemáticas:
· Pág 97: ejercicios 5, 6 y 7.
·Pág 102: ejercicios 1, 2 y 3.
·Pág 117: ejercicios 5, 6 y 7.
¡Felices fiestas! ¡And a happy New Year, Friends!
-Registro de lectura y vocabulario unidad 6 "Un nuevo astro" (Máximo de renglones 10)
-Hacer los siguientes ejercicios de matemáticas:
· Pág 97: ejercicios 5, 6 y 7.
·Pág 102: ejercicios 1, 2 y 3.
·Pág 117: ejercicios 5, 6 y 7.
¡Felices fiestas! ¡And a happy New Year, Friends!
lunes, 20 de diciembre de 2010
CELIA MONTERO NOS ENVÍA ESTA CANCIÓN QUE QUIERE COMPARTIR CON NOSOTROS
sábado, 18 de diciembre de 2010
¡FELZ NAVIDAD!
POR FIN VA A SER NAVIDAD
Si quieres que te felicitemos, cliquea aquí:
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jueves, 16 de diciembre de 2010
UNA LECTURA RECOMENDADA PARA ESTOS NUEVOS ESCRITORES.
Mario Vargas Llosa: Elegio de la lectura y la ficción
Discurso Nobel
7 diciembre de 2010
Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d’Artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas.
La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventuras.
Me gustaría que mi madre estuviera aquí, ella que solía emocionarse y llorar leyendo los poemas de Amado Nervo y de Pablo Neruda, y también el abuelo Pedro, de gran nariz y calva reluciente, que celebraba mis versos, y el tío Lucho que tanto me animó a volcarme en cuerpo y alma a escribir aunque la literatura, en aquel tiempo y lugar, alimentara tan mal a sus cultores. Toda la vida he tenido a mi lado gentes así, que me querían y alentaban, y me contagiaban su fe cuando dudaba. Gracias a ellos y, sin duda, también, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero.
No era fácil escribir historias. Al volverse palabras, los proyectos se marchitaban en el papel y las ideas e imágenes desfallecían. ¿Cómo reanimarlos? Por fortuna, allí estaban los maestros para aprender de ellos y seguir su ejemplo. Flaubert me enseñó que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia. Faulkner, que es la forma –la escritura y la estructura– lo que engrandece o empobrece los temas. Martorell, Cervantes, Dickens, Balzac, Tolstoi, Conrad, Thomas Mann, que el número y la ambición son tan importantes en una novela como la destreza estilística y la estrategia narrativa. Sartre, que las palabras son actos y que una novela, una obra de teatro, un ensayo, comprometidos con la actualidad y las mejores opciones, pueden cambiar el curso de la historia. Camus y Orwell, que una literatura desprovista de moral es inhumana y Malraux que el heroísmo y la épica cabían en la actualidad tanto como en el tiempo de los argonautas, la Odisea y la Ilíada.
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Si convocara en este discurso a todos los escritores a los que debo algo o mucho sus sombras nos sumirían en la oscuridad. Son innumerables. Además de revelarme los secretos del oficio de contar, me hicieron explorar los abismos de lo humano, admirar sus hazañas y horrorizarme con sus desvaríos. Fueron los amigos más serviciales, los animadores de mi vocación, en cuyos libros descubrí que, aun en las peores circunstancias, hay esperanzas y que vale la pena vivir, aunque fuera sólo porque sin la vida no podríamos leer ni fantasear historias.
Algunas veces me pregunté si en países como el mío, con escasos lectores y tantos pobres, analfabetos e injusticias, donde la cultura era privilegio de tan pocos, escribir no era un lujo solipsista. Pero estas dudas nunca asfixiaron mi vocación y seguí siempre escribiendo, incluso en aquellos períodos en que los trabajos alimenticios absorbían casi todo mi tiempo. Creo que hice lo justo, pues, si para que la literatura florezca en una sociedad fuera requisito alcanzar primero la alta cultura, la libertad, la prosperidad y la justicia, ella no hubiera existido nunca. Por el contrario, gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas. Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola.
Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión. Quienes dudan de que la literatura, además de sumirnos en el sueño de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresión, pregúntense por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacen porque saben el riesgo que corren dejando que la imaginación discurra por los libros, lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en la
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sensibilidad y la conciencia, vuelve a los ciudadanos más difíciles de manipular, de aceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven más seguros y mejor.
La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan. Cuando la gran ballena blanca sepulta al capitán Ahab en el mar, se encoge el corazón de los lectores idénticamente en Tokio, Lima o Tombuctú. Cuando Emma Bovary se traga el arsénico, Anna Karenina se arroja al tren y Julián Sorel sube al patíbulo, y cuando, en El Sur, el urbano doctor Juan Dahlmann sale de aquella pulpería de la pampa a enfrentarse al cuchillo de un matón, o advertimos que todos los pobladores de Comala, el pueblo de Pedro Páramo, están muertos, el estremecimiento es semejante en el lector que adora a Buda, Confucio, Cristo, Alá o es un agnóstico, vista saco y corbata, chilaba, kimono o bombachas. La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.
Como todas las épocas han tenido sus espantos, la nuestra es la de los fanáticos, la de los terroristas suicidas, antigua especie convencida de que matando se gana el paraíso, que la sangre de los inocentes lava las afrentas colectivas, corrige las injusticias e impone la verdad sobre las falsas creencias. Innumerables víctimas son inmoladas cada día en diversos lugares del mundo por quienes se sienten poseedores de verdades absolutas. Creíamos que, con el desplome de los imperios totalitarios, la convivencia, la paz, el pluralismo, los derechos humanos, se impondrían y el mundo dejaría atrás los holocaustos, genocidios, invasiones y guerras de exterminio. Nada de eso ha ocurrido. Nuevas formas de barbarie proliferan atizadas por el fanatismo y, con la multiplicación de armas de destrucción masiva, no se puede excluir que cualquier grupúsculo de enloquecidos redentores provoque un día un cataclismo nuclear. Hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos. No son muchos, aunque el estruendo de sus crímenes retumbe por todo el planeta y nos abrumen de horror las pesadillas que provocan. No debemos dejarnos intimidar por quienes quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización. Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando de la vida feral y acercándonos –aunque nunca llegaremos a alcanzarla– a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer. Enfrentándonos a los fanáticos homicidas defendemos nuestro derecho a soñar y a hacer nuestros sueños realidad.
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En mi juventud, como muchos escritores de mi generación, fui marxista y creí que el socialismo sería el remedio para la explotación y las injusticias sociales que arreciaban en mi país, América Latina y el resto del Tercer Mundo. Mi decepción del estatismo y el colectivismo y mi tránsito hacia el demócrata y el liberal que soy –que trato de ser– fue largo, difícil, y se llevó a cabo despacio y a raíz de episodios como la conversión de la Revolución Cubana, que me había entusiasmado al principio, al modelo autoritario y vertical de la Unión Soviética, el testimonio de los disidentes que conseguía escurrirse entre las alambradas del Gulag, la invasión de Checoeslovaquia por los países del Pacto de Varsovia, y gracias a pensadores como Raymond Aron, Jean-François Revel, Isaiah Berlin y Karl Popper, a quienes debo mi revalorización de la cultura democrática y de las sociedades abiertas. Esos maestros fueron un ejemplo de lucidez y gallardía cuando la intelligentsia de Occidente parecía, por frivolidad u oportunismo, haber sucumbido al hechizo del socialismo soviético, o, peor todavía, al aquelarre sanguinario de la revolución cultural china.
De niño soñaba con llegar algún día a París porque, deslumbrado con la literatura francesa, creía que vivir allí y respirar el aire que respiraron Balzac, Stendhal, Baudelaire, Proust, me ayudaría a convertirme en un verdadero escritor, que si no salía del Perú sólo sería un seudo escritor de días domingos y feriados. Y la verdad es que debo a Francia, a la cultura francesa, enseñanzas inolvidables, como que la literatura es tanto una vocación como una disciplina, un trabajo y una terquedad. Viví allí cuando Sartre y Camus estaban vivos y escribiendo, en los años de Ionesco, Beckett, Bataille y Cioran, del descubrimiento del teatro de Brecht y el cine de Ingmar Bergman, el TNP de Jean Vilar y el Odéon de Jean Louis Barrault, de la Nouvelle Vague y le Nouveau Roman y los discursos, bellísimas piezas literarias, de André Malraux, y, tal vez, el espectáculo más teatral de la Europa de aquel tiempo, las conferencias de prensa y los truenos olímpicos del general de Gaulle. Pero, acaso, lo que más le agradezco a Francia sea el descubrimiento de América Latina. Allí aprendí que el Perú era parte de una vasta comunidad a la que hermanaban la historia, la geografía, la problemática social y política, una cierta manera de ser y la sabrosa lengua en que hablaba y escribía. Y que en esos mismos años producía una literatura novedosa y pujante. Allí leí a Borges, a Octavio Paz, Cortázar, García Márquez, Fuentes, Cabrera Infante, Rulfo, Onetti, Carpentier, Edwards, Donoso y muchos otros, cuyos escritos estaban revolucionando la narrativa en lengua española y gracias a los cuales Europa y buena parte del mundo descubrían que América Latina no era sólo el continente de los golpes de Estado, los caudillos de opereta, los guerrilleros barbudos y las maracas del mambo y el chachachá, sino también ideas, formas artísticas y fantasías literarias que trascendían lo pintoresco y hablaban un lenguaje universal.
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De entonces a esta época, no sin tropiezos y resbalones, América Latina ha ido progresando, aunque, como decía el verso de César Vallejo, todavía Hay, hermanos, muchísimo que hacer. Padecemos menos dictaduras que antaño, sólo Cuba y su candidata a secundarla, Venezuela, y algunas seudodemocracias populistas y payasas, como las de Bolivia y Nicaragua. Pero en el resto del continente, mal que mal, la democracia está funcionando, apoyada en amplios consensos populares, y, por primera vez en nuestra historia, tenemos una izquierda y una derecha que, como en Brasil, Chile, Uruguay, Perú, Colombia, República Dominicana, México y casi todo Centroamérica, respetan la legalidad, la libertad de crítica, las elecciones y la renovación en el poder. Ése es el buen camino y, si persevera en él, combate la insidiosa corrupción y sigue integrándose al mundo, América Latina dejará por fin de ser el continente del futuro y pasará a serlo del presente.
Nunca me he sentido un extranjero en Europa, ni, en verdad, en ninguna parte. En todos los lugares donde he vivido, en París, en Londres, en Barcelona, en Madrid, en Berlín, en Washington, Nueva York, Brasil o la República Dominicana, me sentí en mi casa. Siempre he hallado una querencia donde podía vivir en paz y trabajando, aprender cosas, alentar ilusiones, encontrar amigos, buenas lecturas y temas para escribir. No me parece que haberme convertido, sin proponérmelo, en un ciudadano del mundo, haya debilitado eso que llaman “las raíces”, mis vínculos con mi propio país –lo que tampoco tendría mucha importancia–, porque, si así fuera, las experiencias peruanas no seguirían alimentándome como escritor y no asomarían siempre en mis historias, aun cuando éstas parezcan ocurrir muy lejos del Perú. Creo que vivir tanto tiempo fuera del país donde nací ha fortalecido más bien aquellos vínculos, añadiéndoles una perspectiva más lúcida, y la nostalgia, que sabe diferenciar lo adjetivo y lo sustancial y mantiene reverberando los recuerdos. El amor al país en que uno nació no puede ser obligatorio, sino, al igual que cualquier otro amor, un movimiento espontáneo del corazón, como el que une a los amantes, a padres e hijos, a los amigos entre sí.
Al Perú yo lo llevo en las entrañas porque en él nací, crecí, me formé, y viví aquellas experiencias de niñez y juventud que modelaron mi personalidad, fraguaron mi vocación, y porque allí amé, odié, gocé, sufrí y soñé. Lo que en él ocurre me afecta más, me conmueve y exaspera más que lo que sucede en otras partes. No lo he buscado ni me lo he impuesto, simplemente es así. Algunos compatriotas me acusaron de traidor y estuve a punto de perder la ciudadanía cuando, durante la última dictadura, pedí a los gobiernos democráticos del mundo que penalizaran al régimen con sanciones diplomáticas y económicas, como lo he hecho siempre con todas las dictaduras, de cualquier índole, la de Pinochet, la de Fidel Castro, la de los talibanes en Afganistán, la de los imanes de Irán, la del apartheid de Africa del Sur, la de los sátrapas uniformados de Birmania (hoy Myanmar). Y lo volvería a hacer mañana si –el destino no lo quiera y
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los peruanos no lo permitan– el Perú fuera víctima una vez más de un golpe de estado que aniquilara nuestra frágil democracia. Aquella no fue la acción precipitada y pasional de un resentido, como escribieron algunos polígrafos acostumbrados a juzgar a los demás desde su propia pequeñez. Fue un acto coherente con mi convicción de que una dictadura representa el mal absoluto para un país, una fuente de brutalidad y corrupción y de heridas profundas que tardan mucho en cerrar, envenenan su futuro y crean hábitos y prácticas malsanas que se prolongan a lo largo de las generaciones demorando la reconstrucción democrática. Por eso, las dictaduras deben ser combatidas sin contemplaciones, por todos los medios a nuestro alcance, incluidas las sanciones económicas. Es lamentable que los gobiernos democráticos, en vez de dar el ejemplo, solidarizándose con quienes, como las Damas de Blanco en Cuba, los resistentes venezolanos, o Aung San Suu Kyi y Liu Xiaobo, que se enfrentan con temeridad a las dictaduras que sufren, se muestren a menudo complacientes no con ellos sino con sus verdugos. Aquellos valientes, luchando por su libertad, también luchan por la nuestra.
Un compatriota mío, José María Arguedas, llamó al Perú el país de “todas las sangres”. No creo que haya fórmula que lo defina mejor. Eso somos y eso llevamos dentro todos los peruanos, nos guste o no: una suma de tradiciones, razas, creencias y culturas procedentes de los cuatro puntos cardinales. A mí me enorgullece sentirme heredero de las culturas prehispánicas que fabricaron los tejidos y mantos de plumas de Nazca y Paracas y los ceramios mochicas o incas que se exhiben en los mejores museos del mundo, de los constructores de Machu Picchu, el Gran Chimú, Chan Chan, Kuelap, Sipán, las huacas de La Bruja y del Sol y de la Luna, y de los españoles que, con sus alforjas, espadas y caballos, trajeron al Perú a Grecia, Roma, la tradición judeo-cristiana, el Renacimiento, Cervantes, Quevedo y Góngora, y la lengua recia de Castilla que los Andes dulcificaron. Y de que con España llegara también el África con su reciedumbre, su música y su efervescente imaginación a enriquecer la heterogeneidad peruana. Si escarbamos un poco descubrimos que el Perú, como el Aleph de Borges, es en pequeño formato el mundo entero. ¡Qué extraordinario privilegio el de un país que no tiene una identidad porque las tiene todas!
La conquista de América fue cruel y violenta, como todas las conquistas, desde luego, y debemos criticarla, pero sin olvidar, al hacerlo, que quienes cometieron aquellos despojos y crímenes fueron, en gran número, nuestros bisabuelos y tatarabuelos, los españoles que fueron a América y allí se acriollaron, no los que se quedaron en su tierra. Aquellas críticas, para ser justas, deben ser una autocrítica. Porque, al independizarnos de España, hace doscientos años, quienes asumieron el poder en las antiguas colonias, en vez de redimir al indio y hacerle justicia por los antiguos agravios, siguieron explotándolo con tanta codicia y ferocidad como los conquistadores, y, en algunos países, diezmándolo y exterminándolo. Digámoslo con
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toda claridad: desde hace dos siglos la emancipación de los indígenas es una responsabilidad exclusivamente nuestra y la hemos incumplido. Ella sigue siendo una asignatura pendiente en toda América Latina. No hay una sola excepción a este oprobio y vergüenza.
Quiero a España tanto como al Perú y mi deuda con ella es tan grande como el agradecimiento que le tengo. Si no hubiera sido por España jamás hubiera llegado a esta tribuna, ni a ser un escritor conocido, y tal vez, como tantos colegas desafortunados, andaría en el limbo de los escribidores sin suerte, sin editores, ni premios, ni lectores, cuyo talento acaso –triste consuelo– descubriría algún día la posteridad. En España se publicaron todos mis libros, recibí reconocimientos exagerados, amigos como Carlos Barral y Carmen Balcells y tantos otros se desvivieron porque mis historias tuvieran lectores. Y España me concedió una segunda nacionalidad cuando podía perder la mía. Jamás he sentido la menor incompatibilidad entre ser peruano y tener un pasaporte español porque siempre he sentido que España y el Perú son el anverso y el reverso de una misma cosa, y no sólo en mi pequeña persona, también en realidades esenciales como la historia, la lengua y la cultura.
De todos los años que he vivido en suelo español, recuerdo con fulgor los cinco que pasé en la querida Barcelona a comienzos de los años setenta. La dictadura de Franco estaba todavía en pie y aún fusilaba, pero era ya un fósil en hilachas, y, sobre todo en el campo de la cultura, incapaz de mantener los controles de antaño. Se abrían rendijas y resquicios que la censura no alcanzaba a parchar y por ellas la sociedad española absorbía nuevas ideas, libros, corrientes de pensamiento y valores y formas artísticas hasta entonces prohibidos por subversivos. Ninguna ciudad aprovechó tanto y mejor que Barcelona este comienzo de apertura ni vivió una efervescencia semejante en todos los campos de las ideas y la creación. Se convirtió en la capital cultural de España, el lugar donde había que estar para respirar el anticipo de la libertad que se vendría. Y, en cierto modo, fue también la capital cultural de América Latina por la cantidad de pintores, escritores, editores y artistas procedentes de los países latinoamericanos que allí se instalaron, o iban y venían a Barcelona, porque era donde había que estar si uno quería ser un poeta, novelista, pintor o compositor de nuestro tiempo. Para mí, aquellos fueron unos años inolvidables de compañerismo, amistad, conspiraciones y fecundo trabajo intelectual. Igual que antes París, Barcelona fue una Torre de Babel, una ciudad cosmopolita y universal, donde era estimulante vivir y trabajar, y donde, por primera vez desde los tiempos de la guerra civil, escritores españoles y latinoamericanos se mezclaron y fraternizaron, reconociéndose dueños de una misma tradición y aliados en una empresa común y una certeza: que el final de la dictadura era inminente y que en la España democrática la cultura sería la protagonista principal.
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Aunque no ocurrió así exactamente, la transición española de la dictadura a la democracia ha sido una de las mejores historias de los tiempos modernos, un ejemplo de como, cuando la sensatez y la racionalidad prevalecen y los adversarios políticos aparcan el sectarismo en favor del bien común, pueden ocurrir hechos tan prodigiosos como los de las novelas del realismo mágico. La transición española del autoritarismo a la libertad, del subdesarrollo a la prosperidad, de una sociedad de contrastes económicos y desigualdades tercermundistas a un país de clases medias, su integración a Europa y su adopción en pocos años de una cultura democrática, ha admirado al mundo entero y disparado la modernización de España. Ha sido para mí una experiencia emocionante y aleccionadora vivirla de muy cerca y a ratos desde dentro. Ojalá que los nacionalismos, plaga incurable del mundo moderno y también de España, no estropeen esta historia feliz.
Detesto toda forma de nacionalismo, ideología –o, más bien, religión– provinciana, de corto vuelo, excluyente, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su seno prejuicios étnicos y racistas, pues convierte en valor supremo, en privilegio moral y ontológico, la circunstancia fortuita del lugar de nacimiento. Junto con la religión, el nacionalismo ha sido la causa de las peores carnicerías de la historia, como las de las dos guerras mundiales y la sangría actual del Medio Oriente. Nada ha contribuido tanto como el nacionalismo a que América Latina se haya balcanizado, ensangrentado en insensatas contiendas y litigios y derrochado astronómicos recursos en comprar armas en vez de construir escuelas, bibliotecas y hospitales.
No hay que confundir el nacionalismo de orejeras y su rechazo del “otro”, siempre semilla de violencia, con el patriotismo, sentimiento sano y generoso, de amor a la tierra donde uno vio la luz, donde vivieron sus ancestros y se forjaron los primeros sueños, paisaje familiar de geografías, seres queridos y ocurrencias que se convierten en hitos de la memoria y escudos contra la soledad. La patria no son las banderas ni los himnos, ni los discursos apodícticos sobre los héroes emblemáticos, sino un puñado de lugares y personas que pueblan nuestros recuerdos y los tiñen de melancolía, la sensación cálida de que, no importa donde estemos, existe un hogar al que podemos volver.
El Perú es para mí una Arequipa donde nací pero nunca viví, una ciudad que mi madre, mis abuelos y mis tíos me enseñaron a conocer a través de sus recuerdos y añoranzas, porque toda mi tribu familiar, como suelen hacer los arequipeños, se llevó siempre a la Ciudad Blanca con ella en su andariega existencia. Es la Piura del desierto, el algarrobo y el sufrido burrito, al que los piuranos de mi juventud llamaban “el pie ajeno” –lindo y triste apelativo–, donde descubrí que no eran las cigüeñas las que traían los bebes al mundo sino que los fabricaban las parejas haciendo unas barbaridades que eran pecado mortal. Es el Colegio San Miguel y el Teatro Variedades donde por primera vez vi subir al escenario una obrita escrita por mí. Es la esquina de Diego Ferré y Colón,
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en el Miraflores limeño –la llamábamos el Barrio Alegre–, donde cambié el pantalón corto por el largo, fumé mi primer cigarrillo, aprendí a bailar, a enamorar y a declararme a las chicas. Es la polvorienta y temblorosa redacción del diario La Crónica donde, a mis dieciséis años, velé mis primeras armas de periodista, oficio que, con la literatura, ha ocupado casi toda mi vida y me ha hecho, como los libros, vivir más, conocer mejor el mundo y frecuentar a gente de todas partes y de todos los registros, gente excelente, buena, mala y execrable. Es el Colegio Militar Leoncio Prado, donde aprendí que el Perú no era el pequeño reducto de clase media en el que yo había vivido hasta entonces confinado y protegido, sino un país grande, antiguo, enconado, desigual y sacudido por toda clase de tormentas sociales. Son las células clandestinas de Cahuide en las que con un puñado de sanmarquinos preparábamos la revolución mundial. Y el Perú son mis amigos y amigas del Movimiento Libertad con los que por tres años, entre las bombas, apagones y asesinatos del terrorismo, trabajamos en defensa de la democracia y la cultura de la libertad.
El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 años y que todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir. Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubieran nacido Álvaro, Gonzalo, Morgana ni los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia. Ella hace todo y todo lo hace bien. Resuelve los problemas, administra la economía, pone orden en el caos, mantiene a raya a los periodistas y a los intrusos, defiende mi tiempo, decide las citas y los viajes, hace y deshace las maletas, y es tan generosa que, hasta cuando cree que me riñe, me hace el mejor de los elogios: “Mario, para lo único que tú sirves es para escribir”.
Volvamos a la literatura. El paraíso de la infancia no es para mí un mito literario sino una realidad que viví y gocé en la gran casa familiar de tres patios, en Cochabamba, donde con mis primas y compañeros de colegio podíamos reproducir las historias de Tarzán y de Salgari, y en la Prefectura de Piura, en cuyos entretechos anidaban los murciélagos, sombras silentes que llenaban de misterio las noches estrelladas de esa tierra caliente. En esos años, escribir fue jugar un juego que me celebraba la familia, una gracia que me merecía aplausos, a mí, el nieto, el sobrino, el hijo sin papá, porque mi padre había muerto y estaba en el cielo. Era un señor alto y buen mozo, de uniforme de marino, cuya foto engalanaba mi velador y a la que yo rezaba y besaba antes de dormir. Una mañana piurana, de la que todavía no creo haberme recobrado, mi madre me reveló que aquel caballero, en verdad, estaba vivo. Y que ese mismo día nos iríamos a vivir con él, a Lima. Yo tenía once años y, desde entonces, todo cambió. Perdí la inocencia y descubrí la soledad, la autoridad, la vida adulta y el miedo. Mi salvación fue leer, leer los buenos libros, refugiarme en esos mundos donde vivir era exaltante, intenso, una aventura tras otra, donde podía sentirme
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libre y volvía a ser feliz. Y fue escribir, a escondidas, como quien se entrega a un vicio inconfensable, a una pasión prohibida. La literatura dejó de ser un juego. Se volvió una manera de resistir la adversidad, de protestar, de rebelarme, de escapar a lo intolerable, mi razón de vivir. Desde entonces y hasta ahora, en todas las circunstancias en que me he sentido abatido o golpeado, a orillas de la desesperación, entregarme en cuerpo y alma a mi trabajo de fabulador ha sido la luz que señala la salida del túnel, la tabla de salvación que lleva al náufrago a la playa.
Aunque me cuesta mucho trabajo y me hace sudar la gota gorda, y, como todo escritor, siento a veces la amenaza de la parálisis, de la sequía de la imaginación, nada me ha hecho gozar en la vida tanto como pasarme los meses y los años construyendo una historia, desde su incierto despuntar, esa imagen que la memoria almacenó de alguna experiencia vivida, que se volvió un desasosiego, un entusiasmo, un fantaseo que germinó luego en un proyecto y en la decisión de intentar convertir esa niebla agitada de fantasmas en una historia. “Escribir es una manera de vivir”, dijo Flaubert. Sí, muy cierto, una manera de vivir con ilusión y alegría y un fuego chisporroteante en la cabeza, peleando con las palabras díscolas hasta amaestrarlas, explorando el ancho mundo como un cazador en pos de presas codiciables para alimentar la ficción en ciernes y aplacar ese apetito voraz de toda historia que al crecer quisiera tragarse todas las historias. Llegar a sentir el vértigo al que nos conduce una novela en gestación, cuando toma forma y parece empezar a vivir por cuenta propia, con personajes que se mueven, actúan, piensan, sienten y exigen respeto y consideración, a los que ya no es posible imponer arbitrariamente una conducta, ni privarlos de su libre albedrío sin matarlos, sin que la historia pierda poder de persuasión, es una experiencia que me sigue hechizando como la primera vez, tan plena y vertiginosa como hacer el amor con la mujer amada días, semanas y meses, sin cesar.
Al hablar de la ficción, he hablado mucho de la novela y poco del teatro, otra de sus formas excelsas. Una gran injusticia, desde luego. El teatro fue mi primer amor, desde que, adolescente, vi en el Teatro Segura, de Lima, La muerte de un viajante, de Arthur Miller, espectáculo que me dejó traspasado de emoción y me precipitó a escribir un drama con incas. Si en la Lima de los cincuenta hubiera habido un movimiento teatral habría sido dramaturgo antes que novelista. No lo había y eso debió orientarme cada vez más hacia la narrativa. Pero mi amor por el teatro nunca cesó, dormitó acurrucado a la sombra de las novelas, como una tentación y una nostalgia, sobre todo cuando veía alguna pieza subyugante. A fines de los setenta, el recuerdo pertinaz de una tía abuela centenaria, la Mamaé, que, en los últimos años de su vida, cortó con la realidad circundante para refugiarse en los recuerdos y la ficción, me sugirió una historia. Y sentí, de manera fatídica, que aquella era una historia para el teatro, que sólo sobre un escenario cobraría la animación y el esplendor de las ficciones logradas. La
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escribí con el temblor excitado del principiante y gocé tanto viéndola en escena, con Norma Aleandro en el papel de la heroína, que, desde entonces, entre novela y novela, ensayo y ensayo, he reincidido varias veces. Eso sí, nunca imaginé que, a mis setenta años, me subiría (debería decir mejor me arrastraría) a un escenario a actuar. Esa temeraria aventura me hizo vivir por primera vez en carne y hueso el milagro que es, para alguien que se ha pasado la vida escribiendo ficciones, encarnar por unas horas a un personaje de la fantasía, vivir la ficción delante de un público. Nunca podré agradecer bastante a mis queridos amigos, el director Joan Ollé y la actriz Aitana Sánchez Gijón, haberme animado a compartir con ellos esa fantástica experiencia (pese al pánico que la acompañó).
La literatura es una representación falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida verdadera y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jeroglífico que suele ser la existencia para la gran mayoría de los seres humanos, principalmente aquellos que alentamos más dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como la trascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido o el sinsentido de la historia, el más acá y el más allá del conocimiento racional.
Siempre me ha fascinado imaginar aquella incierta circunstancia en que nuestros antepasados, apenas diferentes todavía del animal, recién nacido el lenguaje que les permitía comunicarse, empezaron, en las cavernas, en torno a las hogueras, en noches hirvientes de amenazas –rayos, truenos, gruñidos de las fieras–, a inventar historias y a contárselas. Aquel fue el momento crucial de nuestro destino, porque, en esas rondas de seres primitivos suspensos por la voz y la fantasía del contador, comenzó la civilización, el largo transcurrir que poco a poco nos humanizaría y nos llevaría a inventar al individuo soberano y a desgajarlo de la tribu, la ciencia, las artes, el derecho, la libertad, a escrutar las entrañas de la naturaleza, del cuerpo humano, del espacio y a viajar a las estrellas. Aquellos cuentos, fábulas, mitos, leyendas, que resonaron por primera vez como una música nueva ante auditorios intimidados por los misterios y peligros de un mundo donde todo era desconocido y peligroso, debieron ser un baño refrescante, un remanso para esos espíritus siempre en el quién vive, para los que existir quería decir apenas comer, guarecerse de los elementos, matar y fornicar. Desde que empezaron a soñar en colectividad, a compartir los sueños, incitados por los contadores de cuentos, dejaron de estar atados a la noria de la supervivencia, un remolino de quehaceres embrutecedores, y su vida se volvió sueño, goce, fantasía y un designio revolucionario: romper aquel confinamiento y cambiar y mejorar, una lucha para aplacar aquellos deseos y ambiciones que en ellos azuzaban las vidas figuradas, y la curiosidad por despejar las incógnitas de que estaba constelado su entorno.
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Ese proceso nunca interrumpido se enriqueció cuando nació la escritura y las historias, además de escucharse, pudieron leerse y alcanzaron la permanencia que les confiere la literatura. Por eso, hay que repetirlo sin tregua hasta convencer de ello a las nuevas generaciones: la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad pero ignoran lo que las rodea, precede y continúa. Para que no pasemos de servirnos de las máquinas que inventamos a ser sus sirvientes y esclavos. Y porque un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños.
De la caverna al rascacielos, del garrote a las armas de destrucción masiva, de la vida tautológica de la tribu a la era de la globalización, las ficciones de la literatura han multiplicado las experiencias humanas, impidiendo que hombres y mujeres sucumbamos al letargo, al ensimismamiento, a la resignación. Nada ha sembrado tanto la inquietud, removido tanto la imaginación y los deseos, como esa vida de mentiras que añadimos a la que tenemos gracias a la literatura para protagonizar las grandes aventuras, las grandes pasiones, que la vida verdadera nunca nos dará. Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad. Hechicería que, al ilusionarnos con tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, acceder a esa imposible existencia donde, como dioses paganos, nos sentimos terrenales y eternos a la vez, la literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible.
Estocolmo, 7 de diciembre de 2010.
Discurso Nobel
7 diciembre de 2010
Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d’Artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas.
La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventuras.
Me gustaría que mi madre estuviera aquí, ella que solía emocionarse y llorar leyendo los poemas de Amado Nervo y de Pablo Neruda, y también el abuelo Pedro, de gran nariz y calva reluciente, que celebraba mis versos, y el tío Lucho que tanto me animó a volcarme en cuerpo y alma a escribir aunque la literatura, en aquel tiempo y lugar, alimentara tan mal a sus cultores. Toda la vida he tenido a mi lado gentes así, que me querían y alentaban, y me contagiaban su fe cuando dudaba. Gracias a ellos y, sin duda, también, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero.
No era fácil escribir historias. Al volverse palabras, los proyectos se marchitaban en el papel y las ideas e imágenes desfallecían. ¿Cómo reanimarlos? Por fortuna, allí estaban los maestros para aprender de ellos y seguir su ejemplo. Flaubert me enseñó que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia. Faulkner, que es la forma –la escritura y la estructura– lo que engrandece o empobrece los temas. Martorell, Cervantes, Dickens, Balzac, Tolstoi, Conrad, Thomas Mann, que el número y la ambición son tan importantes en una novela como la destreza estilística y la estrategia narrativa. Sartre, que las palabras son actos y que una novela, una obra de teatro, un ensayo, comprometidos con la actualidad y las mejores opciones, pueden cambiar el curso de la historia. Camus y Orwell, que una literatura desprovista de moral es inhumana y Malraux que el heroísmo y la épica cabían en la actualidad tanto como en el tiempo de los argonautas, la Odisea y la Ilíada.
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Si convocara en este discurso a todos los escritores a los que debo algo o mucho sus sombras nos sumirían en la oscuridad. Son innumerables. Además de revelarme los secretos del oficio de contar, me hicieron explorar los abismos de lo humano, admirar sus hazañas y horrorizarme con sus desvaríos. Fueron los amigos más serviciales, los animadores de mi vocación, en cuyos libros descubrí que, aun en las peores circunstancias, hay esperanzas y que vale la pena vivir, aunque fuera sólo porque sin la vida no podríamos leer ni fantasear historias.
Algunas veces me pregunté si en países como el mío, con escasos lectores y tantos pobres, analfabetos e injusticias, donde la cultura era privilegio de tan pocos, escribir no era un lujo solipsista. Pero estas dudas nunca asfixiaron mi vocación y seguí siempre escribiendo, incluso en aquellos períodos en que los trabajos alimenticios absorbían casi todo mi tiempo. Creo que hice lo justo, pues, si para que la literatura florezca en una sociedad fuera requisito alcanzar primero la alta cultura, la libertad, la prosperidad y la justicia, ella no hubiera existido nunca. Por el contrario, gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas. Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola.
Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión. Quienes dudan de que la literatura, además de sumirnos en el sueño de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresión, pregúntense por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacen porque saben el riesgo que corren dejando que la imaginación discurra por los libros, lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en la
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sensibilidad y la conciencia, vuelve a los ciudadanos más difíciles de manipular, de aceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven más seguros y mejor.
La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan. Cuando la gran ballena blanca sepulta al capitán Ahab en el mar, se encoge el corazón de los lectores idénticamente en Tokio, Lima o Tombuctú. Cuando Emma Bovary se traga el arsénico, Anna Karenina se arroja al tren y Julián Sorel sube al patíbulo, y cuando, en El Sur, el urbano doctor Juan Dahlmann sale de aquella pulpería de la pampa a enfrentarse al cuchillo de un matón, o advertimos que todos los pobladores de Comala, el pueblo de Pedro Páramo, están muertos, el estremecimiento es semejante en el lector que adora a Buda, Confucio, Cristo, Alá o es un agnóstico, vista saco y corbata, chilaba, kimono o bombachas. La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.
Como todas las épocas han tenido sus espantos, la nuestra es la de los fanáticos, la de los terroristas suicidas, antigua especie convencida de que matando se gana el paraíso, que la sangre de los inocentes lava las afrentas colectivas, corrige las injusticias e impone la verdad sobre las falsas creencias. Innumerables víctimas son inmoladas cada día en diversos lugares del mundo por quienes se sienten poseedores de verdades absolutas. Creíamos que, con el desplome de los imperios totalitarios, la convivencia, la paz, el pluralismo, los derechos humanos, se impondrían y el mundo dejaría atrás los holocaustos, genocidios, invasiones y guerras de exterminio. Nada de eso ha ocurrido. Nuevas formas de barbarie proliferan atizadas por el fanatismo y, con la multiplicación de armas de destrucción masiva, no se puede excluir que cualquier grupúsculo de enloquecidos redentores provoque un día un cataclismo nuclear. Hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos. No son muchos, aunque el estruendo de sus crímenes retumbe por todo el planeta y nos abrumen de horror las pesadillas que provocan. No debemos dejarnos intimidar por quienes quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización. Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando de la vida feral y acercándonos –aunque nunca llegaremos a alcanzarla– a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer. Enfrentándonos a los fanáticos homicidas defendemos nuestro derecho a soñar y a hacer nuestros sueños realidad.
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En mi juventud, como muchos escritores de mi generación, fui marxista y creí que el socialismo sería el remedio para la explotación y las injusticias sociales que arreciaban en mi país, América Latina y el resto del Tercer Mundo. Mi decepción del estatismo y el colectivismo y mi tránsito hacia el demócrata y el liberal que soy –que trato de ser– fue largo, difícil, y se llevó a cabo despacio y a raíz de episodios como la conversión de la Revolución Cubana, que me había entusiasmado al principio, al modelo autoritario y vertical de la Unión Soviética, el testimonio de los disidentes que conseguía escurrirse entre las alambradas del Gulag, la invasión de Checoeslovaquia por los países del Pacto de Varsovia, y gracias a pensadores como Raymond Aron, Jean-François Revel, Isaiah Berlin y Karl Popper, a quienes debo mi revalorización de la cultura democrática y de las sociedades abiertas. Esos maestros fueron un ejemplo de lucidez y gallardía cuando la intelligentsia de Occidente parecía, por frivolidad u oportunismo, haber sucumbido al hechizo del socialismo soviético, o, peor todavía, al aquelarre sanguinario de la revolución cultural china.
De niño soñaba con llegar algún día a París porque, deslumbrado con la literatura francesa, creía que vivir allí y respirar el aire que respiraron Balzac, Stendhal, Baudelaire, Proust, me ayudaría a convertirme en un verdadero escritor, que si no salía del Perú sólo sería un seudo escritor de días domingos y feriados. Y la verdad es que debo a Francia, a la cultura francesa, enseñanzas inolvidables, como que la literatura es tanto una vocación como una disciplina, un trabajo y una terquedad. Viví allí cuando Sartre y Camus estaban vivos y escribiendo, en los años de Ionesco, Beckett, Bataille y Cioran, del descubrimiento del teatro de Brecht y el cine de Ingmar Bergman, el TNP de Jean Vilar y el Odéon de Jean Louis Barrault, de la Nouvelle Vague y le Nouveau Roman y los discursos, bellísimas piezas literarias, de André Malraux, y, tal vez, el espectáculo más teatral de la Europa de aquel tiempo, las conferencias de prensa y los truenos olímpicos del general de Gaulle. Pero, acaso, lo que más le agradezco a Francia sea el descubrimiento de América Latina. Allí aprendí que el Perú era parte de una vasta comunidad a la que hermanaban la historia, la geografía, la problemática social y política, una cierta manera de ser y la sabrosa lengua en que hablaba y escribía. Y que en esos mismos años producía una literatura novedosa y pujante. Allí leí a Borges, a Octavio Paz, Cortázar, García Márquez, Fuentes, Cabrera Infante, Rulfo, Onetti, Carpentier, Edwards, Donoso y muchos otros, cuyos escritos estaban revolucionando la narrativa en lengua española y gracias a los cuales Europa y buena parte del mundo descubrían que América Latina no era sólo el continente de los golpes de Estado, los caudillos de opereta, los guerrilleros barbudos y las maracas del mambo y el chachachá, sino también ideas, formas artísticas y fantasías literarias que trascendían lo pintoresco y hablaban un lenguaje universal.
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De entonces a esta época, no sin tropiezos y resbalones, América Latina ha ido progresando, aunque, como decía el verso de César Vallejo, todavía Hay, hermanos, muchísimo que hacer. Padecemos menos dictaduras que antaño, sólo Cuba y su candidata a secundarla, Venezuela, y algunas seudodemocracias populistas y payasas, como las de Bolivia y Nicaragua. Pero en el resto del continente, mal que mal, la democracia está funcionando, apoyada en amplios consensos populares, y, por primera vez en nuestra historia, tenemos una izquierda y una derecha que, como en Brasil, Chile, Uruguay, Perú, Colombia, República Dominicana, México y casi todo Centroamérica, respetan la legalidad, la libertad de crítica, las elecciones y la renovación en el poder. Ése es el buen camino y, si persevera en él, combate la insidiosa corrupción y sigue integrándose al mundo, América Latina dejará por fin de ser el continente del futuro y pasará a serlo del presente.
Nunca me he sentido un extranjero en Europa, ni, en verdad, en ninguna parte. En todos los lugares donde he vivido, en París, en Londres, en Barcelona, en Madrid, en Berlín, en Washington, Nueva York, Brasil o la República Dominicana, me sentí en mi casa. Siempre he hallado una querencia donde podía vivir en paz y trabajando, aprender cosas, alentar ilusiones, encontrar amigos, buenas lecturas y temas para escribir. No me parece que haberme convertido, sin proponérmelo, en un ciudadano del mundo, haya debilitado eso que llaman “las raíces”, mis vínculos con mi propio país –lo que tampoco tendría mucha importancia–, porque, si así fuera, las experiencias peruanas no seguirían alimentándome como escritor y no asomarían siempre en mis historias, aun cuando éstas parezcan ocurrir muy lejos del Perú. Creo que vivir tanto tiempo fuera del país donde nací ha fortalecido más bien aquellos vínculos, añadiéndoles una perspectiva más lúcida, y la nostalgia, que sabe diferenciar lo adjetivo y lo sustancial y mantiene reverberando los recuerdos. El amor al país en que uno nació no puede ser obligatorio, sino, al igual que cualquier otro amor, un movimiento espontáneo del corazón, como el que une a los amantes, a padres e hijos, a los amigos entre sí.
Al Perú yo lo llevo en las entrañas porque en él nací, crecí, me formé, y viví aquellas experiencias de niñez y juventud que modelaron mi personalidad, fraguaron mi vocación, y porque allí amé, odié, gocé, sufrí y soñé. Lo que en él ocurre me afecta más, me conmueve y exaspera más que lo que sucede en otras partes. No lo he buscado ni me lo he impuesto, simplemente es así. Algunos compatriotas me acusaron de traidor y estuve a punto de perder la ciudadanía cuando, durante la última dictadura, pedí a los gobiernos democráticos del mundo que penalizaran al régimen con sanciones diplomáticas y económicas, como lo he hecho siempre con todas las dictaduras, de cualquier índole, la de Pinochet, la de Fidel Castro, la de los talibanes en Afganistán, la de los imanes de Irán, la del apartheid de Africa del Sur, la de los sátrapas uniformados de Birmania (hoy Myanmar). Y lo volvería a hacer mañana si –el destino no lo quiera y
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los peruanos no lo permitan– el Perú fuera víctima una vez más de un golpe de estado que aniquilara nuestra frágil democracia. Aquella no fue la acción precipitada y pasional de un resentido, como escribieron algunos polígrafos acostumbrados a juzgar a los demás desde su propia pequeñez. Fue un acto coherente con mi convicción de que una dictadura representa el mal absoluto para un país, una fuente de brutalidad y corrupción y de heridas profundas que tardan mucho en cerrar, envenenan su futuro y crean hábitos y prácticas malsanas que se prolongan a lo largo de las generaciones demorando la reconstrucción democrática. Por eso, las dictaduras deben ser combatidas sin contemplaciones, por todos los medios a nuestro alcance, incluidas las sanciones económicas. Es lamentable que los gobiernos democráticos, en vez de dar el ejemplo, solidarizándose con quienes, como las Damas de Blanco en Cuba, los resistentes venezolanos, o Aung San Suu Kyi y Liu Xiaobo, que se enfrentan con temeridad a las dictaduras que sufren, se muestren a menudo complacientes no con ellos sino con sus verdugos. Aquellos valientes, luchando por su libertad, también luchan por la nuestra.
Un compatriota mío, José María Arguedas, llamó al Perú el país de “todas las sangres”. No creo que haya fórmula que lo defina mejor. Eso somos y eso llevamos dentro todos los peruanos, nos guste o no: una suma de tradiciones, razas, creencias y culturas procedentes de los cuatro puntos cardinales. A mí me enorgullece sentirme heredero de las culturas prehispánicas que fabricaron los tejidos y mantos de plumas de Nazca y Paracas y los ceramios mochicas o incas que se exhiben en los mejores museos del mundo, de los constructores de Machu Picchu, el Gran Chimú, Chan Chan, Kuelap, Sipán, las huacas de La Bruja y del Sol y de la Luna, y de los españoles que, con sus alforjas, espadas y caballos, trajeron al Perú a Grecia, Roma, la tradición judeo-cristiana, el Renacimiento, Cervantes, Quevedo y Góngora, y la lengua recia de Castilla que los Andes dulcificaron. Y de que con España llegara también el África con su reciedumbre, su música y su efervescente imaginación a enriquecer la heterogeneidad peruana. Si escarbamos un poco descubrimos que el Perú, como el Aleph de Borges, es en pequeño formato el mundo entero. ¡Qué extraordinario privilegio el de un país que no tiene una identidad porque las tiene todas!
La conquista de América fue cruel y violenta, como todas las conquistas, desde luego, y debemos criticarla, pero sin olvidar, al hacerlo, que quienes cometieron aquellos despojos y crímenes fueron, en gran número, nuestros bisabuelos y tatarabuelos, los españoles que fueron a América y allí se acriollaron, no los que se quedaron en su tierra. Aquellas críticas, para ser justas, deben ser una autocrítica. Porque, al independizarnos de España, hace doscientos años, quienes asumieron el poder en las antiguas colonias, en vez de redimir al indio y hacerle justicia por los antiguos agravios, siguieron explotándolo con tanta codicia y ferocidad como los conquistadores, y, en algunos países, diezmándolo y exterminándolo. Digámoslo con
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toda claridad: desde hace dos siglos la emancipación de los indígenas es una responsabilidad exclusivamente nuestra y la hemos incumplido. Ella sigue siendo una asignatura pendiente en toda América Latina. No hay una sola excepción a este oprobio y vergüenza.
Quiero a España tanto como al Perú y mi deuda con ella es tan grande como el agradecimiento que le tengo. Si no hubiera sido por España jamás hubiera llegado a esta tribuna, ni a ser un escritor conocido, y tal vez, como tantos colegas desafortunados, andaría en el limbo de los escribidores sin suerte, sin editores, ni premios, ni lectores, cuyo talento acaso –triste consuelo– descubriría algún día la posteridad. En España se publicaron todos mis libros, recibí reconocimientos exagerados, amigos como Carlos Barral y Carmen Balcells y tantos otros se desvivieron porque mis historias tuvieran lectores. Y España me concedió una segunda nacionalidad cuando podía perder la mía. Jamás he sentido la menor incompatibilidad entre ser peruano y tener un pasaporte español porque siempre he sentido que España y el Perú son el anverso y el reverso de una misma cosa, y no sólo en mi pequeña persona, también en realidades esenciales como la historia, la lengua y la cultura.
De todos los años que he vivido en suelo español, recuerdo con fulgor los cinco que pasé en la querida Barcelona a comienzos de los años setenta. La dictadura de Franco estaba todavía en pie y aún fusilaba, pero era ya un fósil en hilachas, y, sobre todo en el campo de la cultura, incapaz de mantener los controles de antaño. Se abrían rendijas y resquicios que la censura no alcanzaba a parchar y por ellas la sociedad española absorbía nuevas ideas, libros, corrientes de pensamiento y valores y formas artísticas hasta entonces prohibidos por subversivos. Ninguna ciudad aprovechó tanto y mejor que Barcelona este comienzo de apertura ni vivió una efervescencia semejante en todos los campos de las ideas y la creación. Se convirtió en la capital cultural de España, el lugar donde había que estar para respirar el anticipo de la libertad que se vendría. Y, en cierto modo, fue también la capital cultural de América Latina por la cantidad de pintores, escritores, editores y artistas procedentes de los países latinoamericanos que allí se instalaron, o iban y venían a Barcelona, porque era donde había que estar si uno quería ser un poeta, novelista, pintor o compositor de nuestro tiempo. Para mí, aquellos fueron unos años inolvidables de compañerismo, amistad, conspiraciones y fecundo trabajo intelectual. Igual que antes París, Barcelona fue una Torre de Babel, una ciudad cosmopolita y universal, donde era estimulante vivir y trabajar, y donde, por primera vez desde los tiempos de la guerra civil, escritores españoles y latinoamericanos se mezclaron y fraternizaron, reconociéndose dueños de una misma tradición y aliados en una empresa común y una certeza: que el final de la dictadura era inminente y que en la España democrática la cultura sería la protagonista principal.
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Aunque no ocurrió así exactamente, la transición española de la dictadura a la democracia ha sido una de las mejores historias de los tiempos modernos, un ejemplo de como, cuando la sensatez y la racionalidad prevalecen y los adversarios políticos aparcan el sectarismo en favor del bien común, pueden ocurrir hechos tan prodigiosos como los de las novelas del realismo mágico. La transición española del autoritarismo a la libertad, del subdesarrollo a la prosperidad, de una sociedad de contrastes económicos y desigualdades tercermundistas a un país de clases medias, su integración a Europa y su adopción en pocos años de una cultura democrática, ha admirado al mundo entero y disparado la modernización de España. Ha sido para mí una experiencia emocionante y aleccionadora vivirla de muy cerca y a ratos desde dentro. Ojalá que los nacionalismos, plaga incurable del mundo moderno y también de España, no estropeen esta historia feliz.
Detesto toda forma de nacionalismo, ideología –o, más bien, religión– provinciana, de corto vuelo, excluyente, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su seno prejuicios étnicos y racistas, pues convierte en valor supremo, en privilegio moral y ontológico, la circunstancia fortuita del lugar de nacimiento. Junto con la religión, el nacionalismo ha sido la causa de las peores carnicerías de la historia, como las de las dos guerras mundiales y la sangría actual del Medio Oriente. Nada ha contribuido tanto como el nacionalismo a que América Latina se haya balcanizado, ensangrentado en insensatas contiendas y litigios y derrochado astronómicos recursos en comprar armas en vez de construir escuelas, bibliotecas y hospitales.
No hay que confundir el nacionalismo de orejeras y su rechazo del “otro”, siempre semilla de violencia, con el patriotismo, sentimiento sano y generoso, de amor a la tierra donde uno vio la luz, donde vivieron sus ancestros y se forjaron los primeros sueños, paisaje familiar de geografías, seres queridos y ocurrencias que se convierten en hitos de la memoria y escudos contra la soledad. La patria no son las banderas ni los himnos, ni los discursos apodícticos sobre los héroes emblemáticos, sino un puñado de lugares y personas que pueblan nuestros recuerdos y los tiñen de melancolía, la sensación cálida de que, no importa donde estemos, existe un hogar al que podemos volver.
El Perú es para mí una Arequipa donde nací pero nunca viví, una ciudad que mi madre, mis abuelos y mis tíos me enseñaron a conocer a través de sus recuerdos y añoranzas, porque toda mi tribu familiar, como suelen hacer los arequipeños, se llevó siempre a la Ciudad Blanca con ella en su andariega existencia. Es la Piura del desierto, el algarrobo y el sufrido burrito, al que los piuranos de mi juventud llamaban “el pie ajeno” –lindo y triste apelativo–, donde descubrí que no eran las cigüeñas las que traían los bebes al mundo sino que los fabricaban las parejas haciendo unas barbaridades que eran pecado mortal. Es el Colegio San Miguel y el Teatro Variedades donde por primera vez vi subir al escenario una obrita escrita por mí. Es la esquina de Diego Ferré y Colón,
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en el Miraflores limeño –la llamábamos el Barrio Alegre–, donde cambié el pantalón corto por el largo, fumé mi primer cigarrillo, aprendí a bailar, a enamorar y a declararme a las chicas. Es la polvorienta y temblorosa redacción del diario La Crónica donde, a mis dieciséis años, velé mis primeras armas de periodista, oficio que, con la literatura, ha ocupado casi toda mi vida y me ha hecho, como los libros, vivir más, conocer mejor el mundo y frecuentar a gente de todas partes y de todos los registros, gente excelente, buena, mala y execrable. Es el Colegio Militar Leoncio Prado, donde aprendí que el Perú no era el pequeño reducto de clase media en el que yo había vivido hasta entonces confinado y protegido, sino un país grande, antiguo, enconado, desigual y sacudido por toda clase de tormentas sociales. Son las células clandestinas de Cahuide en las que con un puñado de sanmarquinos preparábamos la revolución mundial. Y el Perú son mis amigos y amigas del Movimiento Libertad con los que por tres años, entre las bombas, apagones y asesinatos del terrorismo, trabajamos en defensa de la democracia y la cultura de la libertad.
El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 años y que todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir. Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubieran nacido Álvaro, Gonzalo, Morgana ni los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia. Ella hace todo y todo lo hace bien. Resuelve los problemas, administra la economía, pone orden en el caos, mantiene a raya a los periodistas y a los intrusos, defiende mi tiempo, decide las citas y los viajes, hace y deshace las maletas, y es tan generosa que, hasta cuando cree que me riñe, me hace el mejor de los elogios: “Mario, para lo único que tú sirves es para escribir”.
Volvamos a la literatura. El paraíso de la infancia no es para mí un mito literario sino una realidad que viví y gocé en la gran casa familiar de tres patios, en Cochabamba, donde con mis primas y compañeros de colegio podíamos reproducir las historias de Tarzán y de Salgari, y en la Prefectura de Piura, en cuyos entretechos anidaban los murciélagos, sombras silentes que llenaban de misterio las noches estrelladas de esa tierra caliente. En esos años, escribir fue jugar un juego que me celebraba la familia, una gracia que me merecía aplausos, a mí, el nieto, el sobrino, el hijo sin papá, porque mi padre había muerto y estaba en el cielo. Era un señor alto y buen mozo, de uniforme de marino, cuya foto engalanaba mi velador y a la que yo rezaba y besaba antes de dormir. Una mañana piurana, de la que todavía no creo haberme recobrado, mi madre me reveló que aquel caballero, en verdad, estaba vivo. Y que ese mismo día nos iríamos a vivir con él, a Lima. Yo tenía once años y, desde entonces, todo cambió. Perdí la inocencia y descubrí la soledad, la autoridad, la vida adulta y el miedo. Mi salvación fue leer, leer los buenos libros, refugiarme en esos mundos donde vivir era exaltante, intenso, una aventura tras otra, donde podía sentirme
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libre y volvía a ser feliz. Y fue escribir, a escondidas, como quien se entrega a un vicio inconfensable, a una pasión prohibida. La literatura dejó de ser un juego. Se volvió una manera de resistir la adversidad, de protestar, de rebelarme, de escapar a lo intolerable, mi razón de vivir. Desde entonces y hasta ahora, en todas las circunstancias en que me he sentido abatido o golpeado, a orillas de la desesperación, entregarme en cuerpo y alma a mi trabajo de fabulador ha sido la luz que señala la salida del túnel, la tabla de salvación que lleva al náufrago a la playa.
Aunque me cuesta mucho trabajo y me hace sudar la gota gorda, y, como todo escritor, siento a veces la amenaza de la parálisis, de la sequía de la imaginación, nada me ha hecho gozar en la vida tanto como pasarme los meses y los años construyendo una historia, desde su incierto despuntar, esa imagen que la memoria almacenó de alguna experiencia vivida, que se volvió un desasosiego, un entusiasmo, un fantaseo que germinó luego en un proyecto y en la decisión de intentar convertir esa niebla agitada de fantasmas en una historia. “Escribir es una manera de vivir”, dijo Flaubert. Sí, muy cierto, una manera de vivir con ilusión y alegría y un fuego chisporroteante en la cabeza, peleando con las palabras díscolas hasta amaestrarlas, explorando el ancho mundo como un cazador en pos de presas codiciables para alimentar la ficción en ciernes y aplacar ese apetito voraz de toda historia que al crecer quisiera tragarse todas las historias. Llegar a sentir el vértigo al que nos conduce una novela en gestación, cuando toma forma y parece empezar a vivir por cuenta propia, con personajes que se mueven, actúan, piensan, sienten y exigen respeto y consideración, a los que ya no es posible imponer arbitrariamente una conducta, ni privarlos de su libre albedrío sin matarlos, sin que la historia pierda poder de persuasión, es una experiencia que me sigue hechizando como la primera vez, tan plena y vertiginosa como hacer el amor con la mujer amada días, semanas y meses, sin cesar.
Al hablar de la ficción, he hablado mucho de la novela y poco del teatro, otra de sus formas excelsas. Una gran injusticia, desde luego. El teatro fue mi primer amor, desde que, adolescente, vi en el Teatro Segura, de Lima, La muerte de un viajante, de Arthur Miller, espectáculo que me dejó traspasado de emoción y me precipitó a escribir un drama con incas. Si en la Lima de los cincuenta hubiera habido un movimiento teatral habría sido dramaturgo antes que novelista. No lo había y eso debió orientarme cada vez más hacia la narrativa. Pero mi amor por el teatro nunca cesó, dormitó acurrucado a la sombra de las novelas, como una tentación y una nostalgia, sobre todo cuando veía alguna pieza subyugante. A fines de los setenta, el recuerdo pertinaz de una tía abuela centenaria, la Mamaé, que, en los últimos años de su vida, cortó con la realidad circundante para refugiarse en los recuerdos y la ficción, me sugirió una historia. Y sentí, de manera fatídica, que aquella era una historia para el teatro, que sólo sobre un escenario cobraría la animación y el esplendor de las ficciones logradas. La
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escribí con el temblor excitado del principiante y gocé tanto viéndola en escena, con Norma Aleandro en el papel de la heroína, que, desde entonces, entre novela y novela, ensayo y ensayo, he reincidido varias veces. Eso sí, nunca imaginé que, a mis setenta años, me subiría (debería decir mejor me arrastraría) a un escenario a actuar. Esa temeraria aventura me hizo vivir por primera vez en carne y hueso el milagro que es, para alguien que se ha pasado la vida escribiendo ficciones, encarnar por unas horas a un personaje de la fantasía, vivir la ficción delante de un público. Nunca podré agradecer bastante a mis queridos amigos, el director Joan Ollé y la actriz Aitana Sánchez Gijón, haberme animado a compartir con ellos esa fantástica experiencia (pese al pánico que la acompañó).
La literatura es una representación falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida verdadera y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jeroglífico que suele ser la existencia para la gran mayoría de los seres humanos, principalmente aquellos que alentamos más dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como la trascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido o el sinsentido de la historia, el más acá y el más allá del conocimiento racional.
Siempre me ha fascinado imaginar aquella incierta circunstancia en que nuestros antepasados, apenas diferentes todavía del animal, recién nacido el lenguaje que les permitía comunicarse, empezaron, en las cavernas, en torno a las hogueras, en noches hirvientes de amenazas –rayos, truenos, gruñidos de las fieras–, a inventar historias y a contárselas. Aquel fue el momento crucial de nuestro destino, porque, en esas rondas de seres primitivos suspensos por la voz y la fantasía del contador, comenzó la civilización, el largo transcurrir que poco a poco nos humanizaría y nos llevaría a inventar al individuo soberano y a desgajarlo de la tribu, la ciencia, las artes, el derecho, la libertad, a escrutar las entrañas de la naturaleza, del cuerpo humano, del espacio y a viajar a las estrellas. Aquellos cuentos, fábulas, mitos, leyendas, que resonaron por primera vez como una música nueva ante auditorios intimidados por los misterios y peligros de un mundo donde todo era desconocido y peligroso, debieron ser un baño refrescante, un remanso para esos espíritus siempre en el quién vive, para los que existir quería decir apenas comer, guarecerse de los elementos, matar y fornicar. Desde que empezaron a soñar en colectividad, a compartir los sueños, incitados por los contadores de cuentos, dejaron de estar atados a la noria de la supervivencia, un remolino de quehaceres embrutecedores, y su vida se volvió sueño, goce, fantasía y un designio revolucionario: romper aquel confinamiento y cambiar y mejorar, una lucha para aplacar aquellos deseos y ambiciones que en ellos azuzaban las vidas figuradas, y la curiosidad por despejar las incógnitas de que estaba constelado su entorno.
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Ese proceso nunca interrumpido se enriqueció cuando nació la escritura y las historias, además de escucharse, pudieron leerse y alcanzaron la permanencia que les confiere la literatura. Por eso, hay que repetirlo sin tregua hasta convencer de ello a las nuevas generaciones: la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad pero ignoran lo que las rodea, precede y continúa. Para que no pasemos de servirnos de las máquinas que inventamos a ser sus sirvientes y esclavos. Y porque un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños.
De la caverna al rascacielos, del garrote a las armas de destrucción masiva, de la vida tautológica de la tribu a la era de la globalización, las ficciones de la literatura han multiplicado las experiencias humanas, impidiendo que hombres y mujeres sucumbamos al letargo, al ensimismamiento, a la resignación. Nada ha sembrado tanto la inquietud, removido tanto la imaginación y los deseos, como esa vida de mentiras que añadimos a la que tenemos gracias a la literatura para protagonizar las grandes aventuras, las grandes pasiones, que la vida verdadera nunca nos dará. Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad. Hechicería que, al ilusionarnos con tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, acceder a esa imposible existencia donde, como dioses paganos, nos sentimos terrenales y eternos a la vez, la literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible.
Estocolmo, 7 de diciembre de 2010.
sábado, 11 de diciembre de 2010
NUESTRA CRONISTA DEPORTIVA NOS INFORMA: Esta semanita los deportes son...
-La semana pasada jugaron los dos mejores equipos de la liga española, Madrid y Barcelona. Ganó el Barça al Madrid 5-0. Pues esque el Madrid jugó fatal y el Barça muy bien.
-Y esta semana también ha jugado el Madrid de futbol en la champion y ha ganó 4-0 con triplete de Benzema y un solo gol de Crhistiano Ronaldo.
-Y también ha jugado el Barça de futbol en un partido de champion.
En baloncesto:
-El unicaja sale victorioso ante un Teodosic que esta vez falló.
El conjunto malagueño iguala con este triunfo (76- 74) a Real Madrid y Olympiacos.
En tenis:
-Ferrer vence a Moyá en el partido de despedida en Sevilla.
El mallorquín se despide del tenis en su ciudad "talismán" donde logró la Copa Davis en el 2004.
-Y esta semana también ha jugado el Madrid de futbol en la champion y ha ganó 4-0 con triplete de Benzema y un solo gol de Crhistiano Ronaldo.
-Y también ha jugado el Barça de futbol en un partido de champion.
En baloncesto:
-El unicaja sale victorioso ante un Teodosic que esta vez falló.
El conjunto malagueño iguala con este triunfo (76- 74) a Real Madrid y Olympiacos.
En tenis:
-Ferrer vence a Moyá en el partido de despedida en Sevilla.
El mallorquín se despide del tenis en su ciudad "talismán" donde logró la Copa Davis en el 2004.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
WEBQUEST SOBRE EL ORIGEN DE LA NAVIDAD
¡Va siendo hora de aprender cosas sobre estas fiestas y sobre las costumbres de otros paises!
¿Te apuntas? Cliquea en este enlace.
http://cpalfind.educa.aragon.es/questnavidad/index.htm
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lunes, 6 de diciembre de 2010
sábado, 4 de diciembre de 2010
VICTORIA DEFIENDE ALGUNOS PROGRAMAS TELEVISIVOS
Composición escrita n· 5
Mi opinión
Yo Victoria Estrella Menacho Martínez estoy deacuerdo con el programa dame una pista.
Porque así pueden mejorar su lenguaje .También estoy deacuerdo con el programa Tonterías las Justas, porque además de que te ries mucho, puedes ir a verlo cuando quieras.
Estos dos programas son muy chulos y están muy bien para que no te aburras.
Mi opinión
Yo Victoria Estrella Menacho Martínez estoy deacuerdo con el programa dame una pista.
Porque así pueden mejorar su lenguaje .También estoy deacuerdo con el programa Tonterías las Justas, porque además de que te ries mucho, puedes ir a verlo cuando quieras.
Estos dos programas son muy chulos y están muy bien para que no te aburras.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Ana nos plantea qué queda por hacer.
¿Que queda por hacer?
Hace poco, descubrí por internet, que hay gente que tiene que vivir con 1,45 $ al día.
Hoy en día con un par de euros, una persona se compraría chucherías, pipas, frutos secos, bebidas, pero no cosas importantes para nutrirse, en cambio estas otras personas tienen que pensárselo muy bien, por culpa de su salario, al cabo de 1 hora, observé que quedaban mas problemas en este mundo por desarrollar que no pensaba que existían...(La pobreza, falta de educación, que las mujeres sean tan importantes como los hombres, el medio ambiente, alianza mundial, enfermedades como el SIDA, VIH y la malaria, etc....)
Por lo que pienso, que si todos ponemos, nuestro granito de arena, podemos ayudar a la gente que le hace falta.
Pero, es que hay muchos problemas en el mundo, por lo que estoy
en favor con las ONG, las que cuidan y salvan a tanta gente, sin que nos demos cuenta...¡Esto no puede seguir así!
Hay gente que ni siquiera las tiene en cuenta, como si no existiesen, por el contrario, tampoco deberíamos de anunciar a cada una de ellas...
Hace poco, descubrí por internet, que hay gente que tiene que vivir con 1,45 $ al día.
Hoy en día con un par de euros, una persona se compraría chucherías, pipas, frutos secos, bebidas, pero no cosas importantes para nutrirse, en cambio estas otras personas tienen que pensárselo muy bien, por culpa de su salario, al cabo de 1 hora, observé que quedaban mas problemas en este mundo por desarrollar que no pensaba que existían...(La pobreza, falta de educación, que las mujeres sean tan importantes como los hombres, el medio ambiente, alianza mundial, enfermedades como el SIDA, VIH y la malaria, etc....)
Por lo que pienso, que si todos ponemos, nuestro granito de arena, podemos ayudar a la gente que le hace falta.
Pero, es que hay muchos problemas en el mundo, por lo que estoy
en favor con las ONG, las que cuidan y salvan a tanta gente, sin que nos demos cuenta...¡Esto no puede seguir así!
Hay gente que ni siquiera las tiene en cuenta, como si no existiesen, por el contrario, tampoco deberíamos de anunciar a cada una de ellas...
martes, 30 de noviembre de 2010
Aprender a ser solidarios con Alba
Composición escrita nº 5 Hoy, viernes 26 de noviembre
Todos por igual
Hoy en día en muchos países están pasando hambre y algunas personas mueren de enfermedades al no tener medicamentos para curarse.
Pero, en cambio en otros países malgastan en dinero en armamentos y bombas, en vez de gastárselo en medicamentos y comidas para los países mas pobres.
También por otra parte muchos países malgastan el dinero en cosas que no son necesarias.
En mi opinión todas las personas que no tengan necesidades deberían mandar comida, medicamentos y ropa para los países más necesitados.
En los países que de verdad tienen necesidades, yo pienso que deberíamos de construir: colegios, tiendas de alimentos y hospitales, en vez de que en otros países construyan muchos.
Porque todos los países debemos tener todo por igual, porque si un país es más pobre que otro no debemos de dejar que pase hambre ni necesidades.
Todos por igual
Hoy en día en muchos países están pasando hambre y algunas personas mueren de enfermedades al no tener medicamentos para curarse.
Pero, en cambio en otros países malgastan en dinero en armamentos y bombas, en vez de gastárselo en medicamentos y comidas para los países mas pobres.
También por otra parte muchos países malgastan el dinero en cosas que no son necesarias.
En mi opinión todas las personas que no tengan necesidades deberían mandar comida, medicamentos y ropa para los países más necesitados.
En los países que de verdad tienen necesidades, yo pienso que deberíamos de construir: colegios, tiendas de alimentos y hospitales, en vez de que en otros países construyan muchos.
Porque todos los países debemos tener todo por igual, porque si un país es más pobre que otro no debemos de dejar que pase hambre ni necesidades.
Águeda comenta nuestra falta de conciencia con los discapacitados.
COMPOSICIÓN ESCRITA NÚMERO 5 27/11/10
LOS DISCAPACITADOS
Hay mucha gente discapacitada ,que no pueden estar a su gusto . Las personas que se pueden
mover bien ,no tienen corazón porque ,es muy cruel que por tu comodidad le quites la suya
a otra persona , que lo necesita muchisimo mas que tú.
Cuando llegas tarde al trabajo aparcas en zona de discapacitados , no te molestas en buscar sitio para tu coche ,cuando recoges a alguien te paras a charlar .
Si tu haces esto no los estas ayudando ,si tu ves a alguien haciendo esto es una mala persona .
¡Impide que lo sea , ayudándolo a que se dé cuenta de lo que esta haciendo!
LOS DISCAPACITADOS
Hay mucha gente discapacitada ,que no pueden estar a su gusto . Las personas que se pueden
mover bien ,no tienen corazón porque ,es muy cruel que por tu comodidad le quites la suya
a otra persona , que lo necesita muchisimo mas que tú.
Cuando llegas tarde al trabajo aparcas en zona de discapacitados , no te molestas en buscar sitio para tu coche ,cuando recoges a alguien te paras a charlar .
Si tu haces esto no los estas ayudando ,si tu ves a alguien haciendo esto es una mala persona .
¡Impide que lo sea , ayudándolo a que se dé cuenta de lo que esta haciendo!
Celia M. opina sobre la recogida de alimentos.
¿Comida para pobres...¿ o no tan pobres ?
Desde mi punto de vista es un servicio necesario para casos que
realmente no tienen medios para comer,pero según los medios de
comunicación hay personas que utilizan estos recursos para
aprovecharse de la situación y consumir esos alimentos de
personas que lo necesitan,porque yo he visto en las noticias a
varios individuos que por su aspecto físico no aparentan estar tan
mal, ya que iban con ropas,joyas... de cierto valor
Desde mi punto de vista es un servicio necesario para casos que
realmente no tienen medios para comer,pero según los medios de
comunicación hay personas que utilizan estos recursos para
aprovecharse de la situación y consumir esos alimentos de
personas que lo necesitan,porque yo he visto en las noticias a
varios individuos que por su aspecto físico no aparentan estar tan
mal, ya que iban con ropas,joyas... de cierto valor
lunes, 29 de noviembre de 2010
Alfonso opina sobre la violencia de género.
Trabajo nº5 de lengua .
Opiniòn sobre la violencia de genero
Mi opiniòn es que no sé porqué los hombres pegan a las mujeres si todos tenemos el mismo derecho a ser ser libres .
Los hombres les obligan a hacer la comida cuando llegan del trabajo . No quieren que salga la mujer sola a la calle... Y yo creo que no tendria que ser así .
Pero ahora afortunadamente cada día tenemos menos violencia de genero.
Opiniòn sobre la violencia de genero
Mi opiniòn es que no sé porqué los hombres pegan a las mujeres si todos tenemos el mismo derecho a ser ser libres .
Los hombres les obligan a hacer la comida cuando llegan del trabajo . No quieren que salga la mujer sola a la calle... Y yo creo que no tendria que ser así .
Pero ahora afortunadamente cada día tenemos menos violencia de genero.
Celia preocupada por Irlanda
5º trabajo escrito
CAOS EN IRLANDA
En Irlanda ha habido una gran revuelta. Todo el país ha retirado su dinero del banco protestando contra el gobierno por el paro que hay. Por el abuso de la bajada de los sueldos, por la subida de los impuestos, por despidos improcedente, por la congelación de las pensiones etc . Muchos países están pensando en hacer lo mismo y eso seria un caos general. En España estamos teniendo los mismos problemas y por eso debemos intentar de que en España no ocurra lo mismo. Yo estoy a favor de una reforma que ayude al país a salir de la crisis.
CAOS EN IRLANDA
En Irlanda ha habido una gran revuelta. Todo el país ha retirado su dinero del banco protestando contra el gobierno por el paro que hay. Por el abuso de la bajada de los sueldos, por la subida de los impuestos, por despidos improcedente, por la congelación de las pensiones etc . Muchos países están pensando en hacer lo mismo y eso seria un caos general. En España estamos teniendo los mismos problemas y por eso debemos intentar de que en España no ocurra lo mismo. Yo estoy a favor de una reforma que ayude al país a salir de la crisis.
Laura opina contra Sálvame de Telecinco.
Canal Basura
En horas infantiles es vergonzoso poner la tele y ver ciertos tipos de
programas como Salvame, diario en Telecinco etc. No es un espacio
cultural ni educativo ni tampoco social, se trata de un programa donde
da a conocer lo malo de cada personaje de este país. Su vida privada,
social y familiar, lo cual, es indignante este tipo de entretenimiento a
estas horas infantiles, asi, no me extraña que la sociedad esté un poco
descontrolada por estos personajes de baja sociedad. Asi doy mi
opinión con respecto a este tipo de television, que no es nada bueno.
En horas infantiles es vergonzoso poner la tele y ver ciertos tipos de
programas como Salvame, diario en Telecinco etc. No es un espacio
cultural ni educativo ni tampoco social, se trata de un programa donde
da a conocer lo malo de cada personaje de este país. Su vida privada,
social y familiar, lo cual, es indignante este tipo de entretenimiento a
estas horas infantiles, asi, no me extraña que la sociedad esté un poco
descontrolada por estos personajes de baja sociedad. Asi doy mi
opinión con respecto a este tipo de television, que no es nada bueno.
Jose Carlos y los partidos de Fútbol
DE CARA AL CLÁSICO
Me parece un partido muy interesante.
En los dos equipos están las manos de santo la muralla los cerebros la puntería y la fantasía.
Hay una rivalidad enorme eso no quiere decir que las dos aficiones se peleen por la rivalidad.
Se sabe que son los dos mejores clubes del mundo que han existido.
Se puede decir que tienen los dos mejores porteros,los dos mejores defensas,los dos mejores centro campistas, los dos mejores delanteros.
Así que le deseo suerte a los dos equipos porque se lo merecen.
Fin Jose Carlos de la Cruz Soto
¡Bien Jose Carlos, ya sabemos lo que vas a ver en la tele hoy!
Me parece un partido muy interesante.
En los dos equipos están las manos de santo la muralla los cerebros la puntería y la fantasía.
Hay una rivalidad enorme eso no quiere decir que las dos aficiones se peleen por la rivalidad.
Se sabe que son los dos mejores clubes del mundo que han existido.
Se puede decir que tienen los dos mejores porteros,los dos mejores defensas,los dos mejores centro campistas, los dos mejores delanteros.
Así que le deseo suerte a los dos equipos porque se lo merecen.
Fin Jose Carlos de la Cruz Soto
¡Bien Jose Carlos, ya sabemos lo que vas a ver en la tele hoy!
César nos recomienda la dieta Mediterránea
Articulo de opinión
¿SE ESTA OLVIDANDO LA DIETA MEDITERRÁNEA?
Yo creo que si se esta olvidando entre los jóvenes de los países medite-
rráneos porque cada vez se tienen más prisas y por eso comemos más comida basura o rápida como las hamburguesas o la comida precocinada
Gracias a sus propiedades saludables los países mediterráneos tienen
muchas menos enfermedades cardiovasculares que los habitantes de los
Estados Unidos. Las causas de tales propiedades que parecen estar en el
mayor consumo de productos ricos en ácidos grasos monoinsaturados ,
presente en le aceite de oliva (que reduce el colesterol). También
se añade el pescado azul rico en ácidos grasos w-3 y finalmente el con
moderado consumo de vino tinto. El vino tinto se asocia con otro efecto
cardioprotector denominado “paradoja francesa”. También parece ser
que reduce el deterioro cognitivo o Alzheimer leve durante el envejeci-
miento.
Llegamos a la conclusión de que lo mejor es recurrir a la dieta mediterránea.
Muy bien César, lo tendremos en cuenta.
¿SE ESTA OLVIDANDO LA DIETA MEDITERRÁNEA?
Yo creo que si se esta olvidando entre los jóvenes de los países medite-
rráneos porque cada vez se tienen más prisas y por eso comemos más comida basura o rápida como las hamburguesas o la comida precocinada
Gracias a sus propiedades saludables los países mediterráneos tienen
muchas menos enfermedades cardiovasculares que los habitantes de los
Estados Unidos. Las causas de tales propiedades que parecen estar en el
mayor consumo de productos ricos en ácidos grasos monoinsaturados ,
presente en le aceite de oliva (que reduce el colesterol). También
se añade el pescado azul rico en ácidos grasos w-3 y finalmente el con
moderado consumo de vino tinto. El vino tinto se asocia con otro efecto
cardioprotector denominado “paradoja francesa”. También parece ser
que reduce el deterioro cognitivo o Alzheimer leve durante el envejeci-
miento.
Llegamos a la conclusión de que lo mejor es recurrir a la dieta mediterránea.
Muy bien César, lo tendremos en cuenta.
María y los famosos
Composición escrita nº5
Hoy, viernes 26 de noviembre de 2010
Los famosos también tienen vida propia
En la actualidad los famosos son atosigados por periodistas de cotilleos, como los de los programas de: Corazón, La noria, Salvame deluxe...Por eso yo estoy en contra con ese tipo de programas.¿ Que, por qué?, porque los famosos también tienen vida propia, como todos nosotros son persona normales pero que salen en televisión o que cantan.
En este caso los famosos a veces ni responden a lo que le preguntan, porque estan hartos y los prefieren ignorarlos. Estos programas alguna que otra cosa se la inventan porque no han recolectado la información necesaria. Y aquí termino con un grito.
¡¡¡LOS FAMOSOS TAMBIÉN TIENEN VIDA PROPIA!!!
FIN.
De acuerdo María tomamos nota de tu opinión.
Hoy, viernes 26 de noviembre de 2010
Los famosos también tienen vida propia
En la actualidad los famosos son atosigados por periodistas de cotilleos, como los de los programas de: Corazón, La noria, Salvame deluxe...Por eso yo estoy en contra con ese tipo de programas.¿ Que, por qué?, porque los famosos también tienen vida propia, como todos nosotros son persona normales pero que salen en televisión o que cantan.
En este caso los famosos a veces ni responden a lo que le preguntan, porque estan hartos y los prefieren ignorarlos. Estos programas alguna que otra cosa se la inventan porque no han recolectado la información necesaria. Y aquí termino con un grito.
¡¡¡LOS FAMOSOS TAMBIÉN TIENEN VIDA PROPIA!!!
FIN.
De acuerdo María tomamos nota de tu opinión.
Paola y la pesadez de los libros.
Composición 5º
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Artículo de opinión
Libros por trimestre
En principio,los niños y los adolescentes pensamos que los libros son muy pesados,así que es mejor que hagan los libros por trimestre,para que no pesen tanto las maletas y no llevar tanto peso en la espalda.
Según padres,madres y niños pensamos que es mucho mejor libros por trimestres para no provocar,los problemas de espalda. Es muchísimo mejor no llevar libros tan anchos y pesados,será genial.
Diariamente tenemos que llevar libros muy pesados,cartucheras,ordenadores...
Y por eso e pensado esta idea que a todos los niños y niñas nos parecerá genial,no llevar tanto peso en nuestras mochilas y no preocuparnos tanto por los problemas y dolores de espaldas.
Muy bien Paola, aunque creo que es un poco “pesado”.
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Artículo de opinión
Libros por trimestre
En principio,los niños y los adolescentes pensamos que los libros son muy pesados,así que es mejor que hagan los libros por trimestre,para que no pesen tanto las maletas y no llevar tanto peso en la espalda.
Según padres,madres y niños pensamos que es mucho mejor libros por trimestres para no provocar,los problemas de espalda. Es muchísimo mejor no llevar libros tan anchos y pesados,será genial.
Diariamente tenemos que llevar libros muy pesados,cartucheras,ordenadores...
Y por eso e pensado esta idea que a todos los niños y niñas nos parecerá genial,no llevar tanto peso en nuestras mochilas y no preocuparnos tanto por los problemas y dolores de espaldas.
Muy bien Paola, aunque creo que es un poco “pesado”.
Jose Antonio escribe un artículo de opinión
Domingo 28 de noviembre de 2010
Composición escrita nº 5
Por los libros de papel
El libro de papel parece estar en peligro de extinción en un futuro.
Cada vez, la gente opta por una propuesta que cada vez está ganando más seguidores: el e-book.
Dicen que esto del e-book es más cómodo debido a su ligereza y a lo finos que son.
Yo pienso que lo que un libro de papel es insustituible por uno eletrónico.
El poder pasar las hojas, oler sus páginas, que el viento te haga perder la página por donde ibas, el poder prestárselo a amigos y familiares... Todo eso es lo que no aporta un e-book.
Composición escrita nº 5
Por los libros de papel
El libro de papel parece estar en peligro de extinción en un futuro.
Cada vez, la gente opta por una propuesta que cada vez está ganando más seguidores: el e-book.
Dicen que esto del e-book es más cómodo debido a su ligereza y a lo finos que son.
Yo pienso que lo que un libro de papel es insustituible por uno eletrónico.
El poder pasar las hojas, oler sus páginas, que el viento te haga perder la página por donde ibas, el poder prestárselo a amigos y familiares... Todo eso es lo que no aporta un e-book.
COMO SE DIBUJA UN NIÑO
CÓMO SE DIBUJA A UN NIÑO
Para dibujar un niño
hay que hacerlo con cariño
Pintarle mucho flequillo,
muchas pecas en la cara
que se note que es un pillo.
Como es un nuño de moda,
bebe jarabe de soda.
Lleva pantalón vaquero
con un hermoso agujero;
camiseta americana
y una gorrita de pana.
Las botas de futbolista
porque chutando es artista.
Se ríe continuamente,
porque es muy inteligente.
Debajo del brazo un cuento
por eso esta tan contento.
Para dibujar un niño
hay que hacerlo con cariño.
Gloria Fuertes
Para dibujar un niño
hay que hacerlo con cariño
Pintarle mucho flequillo,
que este comiendo un barquillo;
muchas pecas en la cara
que se note que es un pillo.
Como es un nuño de moda,
bebe jarabe de soda.
Lleva pantalón vaquero
con un hermoso agujero;
camiseta americana
y una gorrita de pana.
Las botas de futbolista
porque chutando es artista.
Se ríe continuamente,
porque es muy inteligente.
Debajo del brazo un cuento
por eso esta tan contento.
Para dibujar un niño
hay que hacerlo con cariño.
Gloria Fuertes
domingo, 28 de noviembre de 2010
NUESTRA REPORTERA DEPORTIVA NOS INFORMA:
ESTA SEMANA EN LOS DEPORTES VEMOS...
EN TENIS:
-Nadal gana en dos sets a Berdych y jugará las semifinales ante Murray. Ganó, GANÓ
-Adios a Ferrer.
El español se va de Londres sin conoce el triunfo al caer a manos de Murray, que pasa a semifinales junto a Federer.
EN FÚTBOL:
-Higuaín y Villa eclipsados por los `cracks´.
Los dos delanteros intentarán reivindicar su papel de protagonistas en el Barça-Madrid mientras que Ronaldo y Messi acaparan los focos.
-Las alabanzas de Mourinho a Guardiola.
El técnico portugués valora la figura del azulgrana, aunque le recuerda la derrota ante el Inter en Champions.
EN MOTOS:
-Marc aranca, Julían vuela.
Márquez estrena la Moto2 y Simón establece un nuevo récord oficioso en Jerez.
EN BALONCESTO:
-El Madrid coge el rumbo(82-66).
Los pupilos de Messina, guiados por un Sergio Rodríguez enorme, sacan su mejor versión para batir al Olympiacos.
¡¡¡¡¡¡¡Que os gusten las noticias!!!!!!!!!!!!***#
EN TENIS:
-Nadal gana en dos sets a Berdych y jugará las semifinales ante Murray. Ganó, GANÓ
-Adios a Ferrer.
El español se va de Londres sin conoce el triunfo al caer a manos de Murray, que pasa a semifinales junto a Federer.
EN FÚTBOL:
-Higuaín y Villa eclipsados por los `cracks´.
Los dos delanteros intentarán reivindicar su papel de protagonistas en el Barça-Madrid mientras que Ronaldo y Messi acaparan los focos.
-Las alabanzas de Mourinho a Guardiola.
El técnico portugués valora la figura del azulgrana, aunque le recuerda la derrota ante el Inter en Champions.
EN MOTOS:
-Marc aranca, Julían vuela.
Márquez estrena la Moto2 y Simón establece un nuevo récord oficioso en Jerez.
EN BALONCESTO:
-El Madrid coge el rumbo(82-66).
Los pupilos de Messina, guiados por un Sergio Rodríguez enorme, sacan su mejor versión para batir al Olympiacos.
¡¡¡¡¡¡¡Que os gusten las noticias!!!!!!!!!!!!***#
viernes, 26 de noviembre de 2010
NO TE OLVIDES QUE PARA ESTE FIN DE SEMANA...
jueves, 25 de noviembre de 2010
martes, 23 de noviembre de 2010
lunes, 22 de noviembre de 2010
NUESTRA PERIODISTA DEPORTIVO NOS INFORMA.
Y los deportes de está semana son...
Fútbol:
-El otro día jugó nuestro equipo nacional de fútbol, ya sabéis la selección española.
Jugó en Lisboa contra Portugal perdió 4-0. Los jugadores portugueses que metieron
gol fueron:
Martins(min 45)
Sergio Ramos, pp(min 49)
Helder Postiga(min 69)
Hugo Almeida(min 93)
COMENTARIO: Los de Vicente Del Bosque no jugaron muy bien en el partido, no se
esforzaron, sin embargo los portugueses jugaron muchísimo mejor.
-En fútbol tambien jugó Argentina contra Brasil. Gano el equipo argentino 1-0 gracias
al crack argentino Messi (en el minuto 90).
Baloncesto:
-El Unicaja se lleva el triunfo con un gran final
Un espectacular parcial de 2-21 en los primeros siete minutos del último cuarto valió para que Unicaja remontase los ocho con los que empezó el cuarto parcial y para llevarse el triunfo ante el Brose Baskets, que no había perdido en casa.
Formula 1
- En formula 1 Fernando Alonso perdió contra Vettel, por una mala táctica del equipo.
Fútbol:
-El otro día jugó nuestro equipo nacional de fútbol, ya sabéis la selección española.
Jugó en Lisboa contra Portugal perdió 4-0. Los jugadores portugueses que metieron
gol fueron:
Martins(min 45)
Sergio Ramos, pp(min 49)
Helder Postiga(min 69)
Hugo Almeida(min 93)
COMENTARIO: Los de Vicente Del Bosque no jugaron muy bien en el partido, no se
esforzaron, sin embargo los portugueses jugaron muchísimo mejor.
-En fútbol tambien jugó Argentina contra Brasil. Gano el equipo argentino 1-0 gracias
al crack argentino Messi (en el minuto 90).
Baloncesto:
-El Unicaja se lleva el triunfo con un gran final
Un espectacular parcial de 2-21 en los primeros siete minutos del último cuarto valió para que Unicaja remontase los ocho con los que empezó el cuarto parcial y para llevarse el triunfo ante el Brose Baskets, que no había perdido en casa.
Formula 1
- En formula 1 Fernando Alonso perdió contra Vettel, por una mala táctica del equipo.
domingo, 21 de noviembre de 2010
NUEVOS ENLACES PARA LA UNIDAD 5
PARA LAS MATES:
Repasamos las fracciones.
http://clic.xtec.cat/db/jclicApplet.jsp?project=http://clic.xtec.net/projects/fraccio1/jclic/fraccio1.jclic.zip&lang=es&title=Fracciones+-+1
http://www.gobiernodecanarias.org/educacion/9/Usr/eltanque/todo_mate/fracnum/fracnum_p.html
Convertimos fracciones en decimales:
http://sauce.pntic.mec.es/jdiego/test/test13.swf
Aprendemos qué son fracciones equivalentes:
http://www.educaplus.org/play-89-Fracciones-equivalentes.html
http://www.educaplus.org/play-90-Fracciones-equivalentes-II.html
EN LENGUA
Para trabajar los homónimos y parónimos:
http://centros3.pntic.mec.es/cp.antonio.de.ulloa/webactivhotpot/raiz/Hot%20Pot/LENGUA/homonimos_paronimos/indexhomo.htm
Repasamos y trabajamos los verbos:
El verbo. http://cplosangeles.juntaextremadura.net/web/lengua6/verbo/indice.htm
El verbo, tiempo y modo http://cplosangeles.juntaextremadura.net/web/lengua5/verbotiempoymodo/indice.htm
Formas verbales. http://cplosangeles.juntaextremadura.net/web/lengua5/formasverbales/indice.htm
Conjugador de verbos. http://www.verbolog.com/conjuga.htm
Repasamos las fracciones.
http://clic.xtec.cat/db/jclicApplet.jsp?project=http://clic.xtec.net/projects/fraccio1/jclic/fraccio1.jclic.zip&lang=es&title=Fracciones+-+1
http://www.gobiernodecanarias.org/educacion/9/Usr/eltanque/todo_mate/fracnum/fracnum_p.html
Convertimos fracciones en decimales:
http://sauce.pntic.mec.es/jdiego/test/test13.swf
Aprendemos qué son fracciones equivalentes:
http://www.educaplus.org/play-89-Fracciones-equivalentes.html
http://www.educaplus.org/play-90-Fracciones-equivalentes-II.html
EN LENGUA
Para trabajar los homónimos y parónimos:
http://centros3.pntic.mec.es/cp.antonio.de.ulloa/webactivhotpot/raiz/Hot%20Pot/LENGUA/homonimos_paronimos/indexhomo.htm
Repasamos y trabajamos los verbos:
El verbo. http://cplosangeles.juntaextremadura.net/web/lengua6/verbo/indice.htm
El verbo, tiempo y modo http://cplosangeles.juntaextremadura.net/web/lengua5/verbotiempoymodo/indice.htm
Formas verbales. http://cplosangeles.juntaextremadura.net/web/lengua5/formasverbales/indice.htm
Conjugador de verbos. http://www.verbolog.com/conjuga.htm
COMENZAMOS LAS UNIDADES 5
En estas unidades cosas muy interesantes vamos a aprender En cono a cuidar de tu salud y a saber como evitar ponerte enfermo. Poco apoco iremos trabajando los esquemas que aquí os copio. Por cierto este tema está genial para investigar y crear biografías de personajes muy importantes en la historia de la humanidad por sus descubrimientos que han hecho posible luchar contra las enfermedades: Santiago Ramón y Cajal, Gregorio Marañón ó Alexander Fleming.
Esta semana, celebraremos el día contra la violencia de género y podríamos preparar algunos trabajitos que nos hicieran reflexionar sobre el tema:
Murales, artículos de opinión, investigaciones, gráficas sobre datos del tema...
¡Ánimo amigos!
Esta semana, celebraremos el día contra la violencia de género y podríamos preparar algunos trabajitos que nos hicieran reflexionar sobre el tema:
Murales, artículos de opinión, investigaciones, gráficas sobre datos del tema...
¡Ánimo amigos!
MARÍA, NOS RECUERDA LAS TAREAS
-Para analizar tenemos esta frase: El tercer libro estaba sucio.
-Para las actividades de lengua tenemos: El resumen y el vocabulario del tema 5 titulada Nostalgia.
-Para plástica tenemos la lámina 14.
-Y por último investigar noticias sobre la violencia de género.
¡¡¡Que os salga muy bien la tarea!!! ¡¡¡¡¡Hasta el Lunes!!!!!
-Para las actividades de lengua tenemos: El resumen y el vocabulario del tema 5 titulada Nostalgia.
-Para plástica tenemos la lámina 14.
-Y por último investigar noticias sobre la violencia de género.
¡¡¡Que os salga muy bien la tarea!!! ¡¡¡¡¡Hasta el Lunes!!!!!
¡POR FIN, ESE CONCURSO DE MÚSICA!
¡QUE NADIE SE MUEVA!
¿OS CREÍAIS QUE NO SALDRÍAN LOS RESULTADOS DEL CONCURSO DE MÚSICA?
¡NO, NO! YA ESTÁN AQUÍ, COMO SIEMPRE DE LA MANO DE M
¡Bueno mis "little monsters" ya tengo los resultados!
En primer lugar... ¡Las california gurls de Katy Perry
En segundo lugar... ¡Eminem y Rihanna con su "love the way you lie"
Y en tercer lugar pero no menos importantes... ¡Revolucion de Zpu, Alice de Avril Lavigne y i like it de Enrique Iglesias!
Bueno, esto es todo.
¡Chao!
¿OS CREÍAIS QUE NO SALDRÍAN LOS RESULTADOS DEL CONCURSO DE MÚSICA?
¡NO, NO! YA ESTÁN AQUÍ, COMO SIEMPRE DE LA MANO DE M
¡Bueno mis "little monsters" ya tengo los resultados!
En primer lugar... ¡Las california gurls de Katy Perry
En segundo lugar... ¡Eminem y Rihanna con su "love the way you lie"
Y en tercer lugar pero no menos importantes... ¡Revolucion de Zpu, Alice de Avril Lavigne y i like it de Enrique Iglesias!
Bueno, esto es todo.
¡Chao!
LA VIOLENCIA DE GÉNERO
Artículo
Saludos compañeros de clase.
Hoy no quiero hablaros ni de música, ni de concursos, sino quiero hablaros de un problema cada vez más alarmante: La violencia de género. Este tema no es algo que solo pase solo en la tele, sino que vivimos día a día con ello; vemos parejas peleandose por la calle, matrimonios vecinos que discuten, etc... Cada vez, se incrementa más en número de víctimas féminas. Solo en lo que va de año, han muerto 68 mujeres a manos de sus parejas. Solo en Jerez,más de 600 mujeres han acudido a la Delegación de Igualdad y Salud a causa de malos tratos, y la cifra sigue subiendo. Hay 800.000 hijos de mujeres maltratadas que han tenido que presenciar como sus madres eran maltratadas. Y pregunto yo... ¿Es normal que estemos en el siglo XXI y todavía haya mentes machistas que piensan que los hombres tienen superioridad respecto a las mujeres? ¿Es normal que mueran féminas por darle una segunda oportunidad a sus parejas? ¿Es normal que niños tengan que soportar ver como pegan a su madre? Mi opinión sobre este tema es tajante:
Cadena perpetua al maltratador.
MIKE SKILEN
Saludos compañeros de clase.
Hoy no quiero hablaros ni de música, ni de concursos, sino quiero hablaros de un problema cada vez más alarmante: La violencia de género. Este tema no es algo que solo pase solo en la tele, sino que vivimos día a día con ello; vemos parejas peleandose por la calle, matrimonios vecinos que discuten, etc... Cada vez, se incrementa más en número de víctimas féminas. Solo en lo que va de año, han muerto 68 mujeres a manos de sus parejas. Solo en Jerez,más de 600 mujeres han acudido a la Delegación de Igualdad y Salud a causa de malos tratos, y la cifra sigue subiendo. Hay 800.000 hijos de mujeres maltratadas que han tenido que presenciar como sus madres eran maltratadas. Y pregunto yo... ¿Es normal que estemos en el siglo XXI y todavía haya mentes machistas que piensan que los hombres tienen superioridad respecto a las mujeres? ¿Es normal que mueran féminas por darle una segunda oportunidad a sus parejas? ¿Es normal que niños tengan que soportar ver como pegan a su madre? Mi opinión sobre este tema es tajante:
Cadena perpetua al maltratador.
MIKE SKILEN
jueves, 18 de noviembre de 2010
OBRAS EN EL COLEGIO CON LOS CONECTORES
En primer lugar, me parece mal que estén realizando obras en horario escolar, aunque las obras supongan un beneficio para nosotros, siempre es preferible que se hagan cuando no estemos en el colegio.
Por ejemplo, me molesta que tengamos que entrar por otra entrada al colegio que no nos corresponde, también es bastante molesto el ruido que hacen cuando intentamos dar clases.
En resumen todo son incomodidades para los alumnos minetras arreglan nuestro cole.
VICTORIA ESTRELLA
Por ejemplo, me molesta que tengamos que entrar por otra entrada al colegio que no nos corresponde, también es bastante molesto el ruido que hacen cuando intentamos dar clases.
En resumen todo son incomodidades para los alumnos minetras arreglan nuestro cole.
VICTORIA ESTRELLA
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